Pueblos Árabes enfrentan represión y se ganan la libertad con su sangre

02/May/2011

El País

Pueblos Árabes enfrentan represión y se ganan la libertad con su sangre

30-4-2011 Reacción. Varios gobernantes autoritarios optan por combatir las revueltas
THE NEW YORK TIMES
Dirigentes árabes que enfrentan revueltas públicas han concluido con creciente frecuencia que es mejor tirar a matar, o cuando menos arrestar y encarcelar, que abdicar y huir. Los pueblos están dispuestos a ganarse la libertad con su sangre.
Todo parece indicar que ese cálculo se fundamenta en los resultados de la Primavera Árabe en el corto plazo. Quienes han huido, como el ex presidente de Egipto, Hosni Mubarak, enfrentan la humillación de una investigación penal, un juicio y posiblemente la cárcel. Quienes han optado por ceñirse al uso de la fuerza, como el presidente de Yemen, Ali Abdulá Salé, han conservado el poder y al parecer tienen influencia para negociar inmunidad si terminaran por irse, comentaron analistas regionales.
«Yo no creo que vayamos a ver la huida de gobernantes, como Mubarak», dijo Mustafá Alani, analista por el Centro de Investigación del Golfo en Dubai, en Emiratos Árabes Unidos. «Ya pasamos esa etapa. Ellos no van a correr, o abdicar. Correrán el riesgo».
La ola de insurrecciones árabes, que empezó con protestas populares que expulsaron a enquistados autócratas, ha evolucionado hasta convertirse en choques mortíferos en Libia -con intervención de la OTAN en bombardeos aéreos-, Siria, Yemen y otras partes, con líderes dispuestos a hacer uso de fuerza letal y sostenida en contra de pueblos convencidos de que la persistencia es la clave para la victoria. Es un duelo claro, una prueba de voluntades de vida o muerte, el cual ha dejado miles de muertos y abierto un oscuro capítulo en lo que al principio se conoció como la Primavera Árabe.
Cada parte ha extraído lecciones de los primeros días de la conmoción árabe y del impulso popular por el cambio. Los líderes se han asentado en una fórmula que consta de tres elementos: concesiones limitadas; una narrativa que culpa a un tercero, como una nación extranjera o la red Al Qaeda; y fuerzas de seguridad que tienen autorización para aplicar cualquier medida que sea necesaria, incluyendo tirar a matar, para sacar a la gente de las calles.
En Bahréin, algunos funcionarios han intentado reformular por completo la narrativa afirmando que los manifestantes comenzaron la violencia, al tiempo que el gobierno ya impuso el equivalente de una ley marcial sobre la mayoría de la población.
REPRESIÓN. La pregunta que surge ahora se relaciona con la siguiente etapa de esta impredecible temporada árabe de protesta. ¿Puede prevalecer esta represión, y si efectivamente así es, por cuánto tiempo? No hay certeza, y existen indicadores en competencia de un momento al otro. No obstante lo anterior, existen algunas razones para creer que los mandatarios que recurren al derramamiento de sangre, al final de cuentas, pudieran no terminar ganando, notaron expertos.
La opción de una represión sostenida y violenta ha estado más claramente de manifiesto en Libia, Yemen y ahora Siria, donde fuerzas del presidente Bashar Assad han realizado acciones represivas en los barrios de la capital y otras ciudades, con el apoyo de tanques, y matado a cientos de personas.
Apoyo. Esas tácticas de temor y fuerza tuvieron éxito inicial en Bahréin, donde la monarquía aplastó a una insurrección popular. Eso fue posible, en buena medida, porque es una diminuta nación con una pequeña población, más fácilmente controlable, y debido a que Estados Unidos estuvo dispuesto a hacerse de la vista gorda para auxiliar a un aliado. La 5ª Flota Naval de Estados Unidos tiene su base en Bahréin.
Sin embargo, ese mismo impulso también puede verse en Arabia Saudita, que envió sus tanques a Bahréin para ayudar a la monarquía a ponerle un alto a la revuelta; en Emiratos Árabes Unidos, donde los detractores del gobierno han sido encarcelados; en Omán, donde las fuerzas de seguridad aplastaron las protestas realizadas por los ciudadanos; y en Jordania, donde la policía atacó a manifestantes.
Necesitan reforma política profunda
En Libia y Yemen, los dirigentes han destacado su disposición a seguir peleando, al tiempo que también indicaron apertura para negociar, aunque sus detractores ponen en duda su sinceridad. En Siria, Assad ha combinado un puño de hierro con encumbradas promesas de reforma. Pero, en los Estados del Golfo Pérsico ricos en petróleo, la represión no funcionará al fin de cuentas y la única manera de seguir adelante es mediante el cambio, advirtió el presidente del Centro de Investigación del Golfo, Abdulaziz Sager, en un ensayo publicado en The Washington Post.
«Si las familias gobernantes del Golfo quieren mantener su legitimidad, necesitan adaptarse rápidamente a los tiempos cambiantes y promulgar una reforma política que sea sustancial y refleje las aspiraciones de sus pueblos», escribió Sager. «El tiempo ya no está de su lado. Si esperan demasiado tiempo, no puede asegurarse su prevalencia».
Pero, por ahora, los dirigentes a lo largo de la región y bajo la mayor presión de las masas al parecer no lo ven de esa forma. Más bien, han decidido que abrirán fuego, lo cual conducirá a un tenso empate de fuerzas con manifestantes que dan la impresión de que están determinados a prevalecer.
«No debería ocurrir de esta manera, en la que haya cientos o miles de asesinados», dijo Shafiq Ghabram, catedrático de ciencia política en la Universidad de Kuwait. «La gente se está ganando la liberación con su sangre».